Paso miles de horas en mi salón, meditando porqué a
veces nos destrozan el corazón… o nos lo destrozamos al permitirlo…
Ahora llego tarde… aunque no sé a dónde voy, quiero
llegar en primero para saber dónde estoy…
Quiero 12 años, o menos si es posible… El jugar al
escondite para mí era imprescindible… Hoy por hoy, aun jugamos a ese juego,
aunque no sea en un parque pero… ¡estamos ciegos!
A veces saber tanto es malo para el corazón…
Sé que somos diferentes, y cada persona un mundo… mi
padre sabe de esto, y sé que no me confundo.
Madre sólo aquí hay una, y quizás no sea perfecta,
pero por ella sé que es lo que necesito para andar en línea recta. Puede que no
valore en cariño que me da, el apoyo en su momento y lo que por mí pasa.
Tengo mis cosas claras, y mis dudas a parte…
Me encanta ver esos niños jugando en cualquier parte.
Sinceramente lo hecho falta, el ser un niño que hoy sólo veo en las marcas: que
tengo en mi mano, o bien, en aquellas fotos que hoy miro, y me doy cuenta de
que lo que tengo no es poco. ¿Tiene importancia? ¿Quién se la quita? La vida
que mide, y dice que se limita.
Llorar por un suspenso quizás sea un regalo, llorar
por alguien que sube al cielo… eso es diferente.
Rematar con los demás un simple mal día: detalles que
desde arriba no son más que tonterías.
Sentir la pena en la piel, notar un escalofrío, llorar
sola imaginando que algo me falta, y es tan frío; inexacta, confundida, aturdida,
preocupada, nerviosa… es algo de lo que he sentido.
Valora, valóralo, ahora adóralo, ama lo que tienes, y,
si puedes, mejóralo.
Tantos que hablamos de la vida, y no tenemos ni idea,
la vida habla de nosotros, nada más vernos ahí afuera.
Somos tantos los que dudan, y tan pocas las respuestas…
tantos que dejan todo y dan la vida por muerta.
La puerta que abro, ayer estaba cerrada… Y hoy “sólo
sé que no sé nada”.
Llorando en las noches porque ya no soy pequeña. Y es
lo que más duele. Cuando lo pierdes todo. Los abrazos de mi madre cuando me
sentía sola. Momentos que no olvidaré. La muerte de mi abuela me hizo perder la
fe… y desde aquel momento crecí.
Porque no escuchan, no entienden. No sufro por llegar,
porque nadie me espera, al menos de la manera en que quisiera, y desespera.
Haciendo caso al corazón, para hacerlo más libre,
posible a la razón.
Más bien me afecta ver que para muchos la vida vaya en
línea recta… ¿cuántos más seremos? ¿cuánto más podremos aguantar? ¿cuánto? Desde
que nací supe que volaría con el viento, abriendo paso al sufrimiento. Por lo
tanto, ¿qué esperas? ¿que pase la vida sentada?... Viviendo una película en la
que no hay ningún guión.
Mi alma es libre, y pertenece a los que me han dado
todo sin pedir nada, a mi madre, a mis hermanos, a mi abuela… a todos aquellos
que estaban y ya no están aquí, brindo por ellos, a mi lado, de verdad, gracias
por darme el aire que no falta en este aliento.
El exceso uso de razón
me ha obstaculizado tener fe y amar… sí, tener fe,
en las cosas que no veo ni puedo comprobar pero que siento. Amar sin pensar, sólo dejarme llevar por el sentimiento…
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